sábado, 21 de mayo de 2011

Con tu piel en mis labios




Existo en el hemisferio occidental, en el punto más austral del continente, entre tempestades heladas, hechizos humanos, enfados y desenfados, como loba silvestre al amparo de la noche cuando saboreo lo infinito del manto celestial.
Toda lejanía abraza las partes más sensibles, versamos con el sol a diario, sentimos la rítmica ebullición de la sangre, asaltados por la dolencia de la distancia, más enconada cuando se percibe decepción o desencantos, entonces aparecen los sobresaltos y como aluvión desde adentro, estallan en gritos los desesperos.
En la última década del siglo veinte caricias ungidas por estaciones juguetonas, tocaron a mi puerta de forma diferente. Grandilocuente momento para la algarabía del cuerpo sacudido en éxtasis. Lo prohibido o no, era sin dudas un llamado de la tentación, bendición de ángeles divertidos. Así, sobre el paraíso terrenal, en las latitudes y extensiones de este territorio, las mieles desbordaron muros. Tiempo para la fusión del espíritu y el alma, totalmente uno, cuerpos hechizos y magnetismo, lujuria o no, deseo indescifrable.
Morder la manzana se vuelve una necesidad, después de todo, es y será una invitación a saborear su jugosidad, ennoblecer los labios y matar la sed
desenfrenada.
Al encuentro no hay simulaciones, luces llovizna con tenuidad, es el brillo de la piel jadeante en todo intento multiplicado, las pupilas cargadas emiten tintineo.
Tiempo elocuente y preciso, tiempo que no precisa de otro tiempo, es este, es el ahora, no mañana, no después, mañana es demasiado lejos y las lejanías traen sabores agridulces en todos los tactos.
Ahora, así, dos en uno, carne de la carne, sacudida de punta a punta en cada espacio minúsculo, no hay escondrijo sin ser conocido, pueden decir, que nos hemos soñado muchas veces, que lo habíamos logrado otras tantas, pero esta manera es la perfecta, la incondicional, la más justa.

Despacio, empezamos a sembrarnos sin ambigüedades, relámpagos amortecidos fluyen, descripción de imágenes insuperables, es este nuestro arte, el más hondo, el más libre: respiración con respiración, estallidos, fuego con fuego desde donde nace nuestra hoguera, para coronar este momento, las piernas se mantienen como tenazas encendidas, hay ritmos en los movimientos, son cisnes en vuelo nuestras manos, hemos fundado otro universo, no hay límites y aún cuando las circunstancias pongan límites, acabamos de aplaudir el pícaro oído sordo del corazón flamante donde todo palpita, todo; bendecidos hemos asistido a esta fiesta necesaria, a este encuentro pendiente para otro encuentro donde siempre quedan líneas por descubrir, no cabe dudas, siempre será mejor.
Amar, amar, amar, propongo desde ya y para siempre su conjugación en presente, sustanciosa, insaciable, concreta, infinita, permanencia de la propia vida. La otra parte es la conjugación en la esencia del andar, sin esa otra parte, sin el intento, no vale la pena...
Es este minuto el que continúa en la cabeza, mientras las palpitaciones se reiteran y los trapos que nos cubren molestan la piel. Tal vez porque te piense, empiezo a quedar desnuda.



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