martes, 9 de marzo de 2010

ALAS DORADAS



Para Jessica, mi nievecita más chica.

Alas Doradas, llegó una mañana del 28 de enero de 2010, a la Ciudad Mágica. Ese día, desde horas tempranas, múltiples destellos envolvían a la ciudad, por las anchas avenidas, pequeños batuteras y batuteros con sus trajes y sus rostros alegres maniobraban y daban paso a disímiles formas de arte con ejercicios extraordinarios.

Princesas y príncipes, todos juntos, pintaban la mañana con sus sonrisas. Esas personillas hacían latir fuerte el corazón, en sus manitas portaban una rosa blanca para el amigo sincero en el aniversario de su nacimiento.

Alas Doradas, había decidido ese día salir de la bolsa de mamá, todo estuvo listo y llegó justo en el instante en que las cornetas emitían su sonido de “atiendan todos”, allí adonde estaba su llanto fue alegría de luz, afuera como si se presintiera, era una más en el acto divino para recordar al Hombre de la Edad de Oro.

En lo alto, el señor sol se comunicó con las montañas, con los ríos y el mar, y fue canto de pájaros toda la ciudad y vuelo de mariposas.

Alas Doradas sabrá a su debido tiempo que el corazón de esta abuela guarda ese momento en que con alegría la denominara “mariposita.” No oculta su felicidad, sabe que sus dos solecitos crecerán en la Ciudad Mágica y las verá con otras princesas y principitos llevando una rosa blanca al maestro y preparando la fiesta de su cumpleaños, en ese país hermoso donde florece la vida.





Para mi Osita y mi Mariposita
A mis nietas Jennifer y Jessica




Eres campana en destellos
Ojazos y luz mañanera
Eres de mis venas versos
Suave como el algodón
Mariposita que ofrece
a mi cielo otro color.

Eres la dulce gramínea
que inspira y hace canción
Eres musa divina
Osita, eres mi voz

Las dos me cuelgan estrellas
muy dentro del corazón
Las dos son soles y lunas
las dos, mi honda razón
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