lunes, 9 de septiembre de 2013

Las Lágrimas de San Lorenzo y otras lágrimas de dolor






Las Lágrimas de San Lorenzo y otras lágrimas de dolor

Buenos Aires, 6 de septiembre 2013
Por Juana Pochet Cala
Cubana-Argentina

¿Qué impaciencia desborda la mente? ¿Qué misterios nos acusan más allá de lo conocido o lo que está por serlo?
¿Cómo enunciar cada instante en que las sorpresas y las no tan sorpresas nos dejan atónitos?
¿Abrimos las puertas al universo o sencillamente somos tan torpemente engreídos, que no admitimos que somos parte de ese universo? Descuidamos y olvidamos nuestra propia esencia con la prisa y la indiferencia, aplastamos cuanto de sabiduría supusimos conservar.

Hace más de un mes duermo ovillada como niña desamparada, con ilusiones y juegos rotos –cosa terrible- Una nota leída al azar daba vueltas y más vuelta en mi cabeza. “La noche entre el 12 y el 13 de agosto de 2013 se pudo contemplar el apogeo de las o Perseidas, la lluvia de estrellas de mayor intensidad del año”.

Entre la realidad - ficción, la cinematografía y su expansión por todo el espacio cósmico, se dotaba con nuevas fibras mi espíritu, desborde de inquietudes, preocupación infinita en el sin fin de los por qué.

Era la tierra, toda esta inmensidad tierra nuestra, dañada y en constante peligro por la desmesura del hombre.
La tierra-hombre, y desde la tierra a la atmósfera, al especia sideral los desperdicios, los inventos enviados desde la propia tierra-hombre con sus inexactitudes.
Eran los cambios de polaridad solar, eran los cambios de los cambios, ha dejado de ser noticia la ligera inclinación del eje de la tierra.

Aquél día hurgando entre varios diarios del mundo y la sombra de la guerra, volví a leer una nota “los que contemplaron el cielo pudieron ver unos 100 meteoros por hora”.

Cien meteoros por hora- me decía- Todo verdaderamente hermoso, bello espectáculo celestial, leía recordando alguna que otra vez el paso de alguna estrella fugaz.

Por vez primera conozco de este texto que leo: “Las Lágrimas de San Lorenzo son un fenómeno que se produce todos los años cuando la tierra pasa a través del rastro de partículas dejado por el cometa Swift-Tuttle. Esas partículas entran en la atmósfera terrestre y se queman, dejando huellas brillantes. Al observarlas desde nuestro planeta parece que 'salen' de la constelación de Perseo, por lo cual esta lluvia de estrellas se conoce también como 'las Perseidas'.

¿Son las Lágrimas de San Lorenzo, las que me llevan a la angustia, a encontrar cierto paralelo entre lo que se dice, lo que se produce, en los hechos que acaecen en el día a día?

Desde mi gran ignorancia en la materia, siento esas lágrimas como nuestras propias lágrimas cargadas de dolor, mezcla de todo, por todo y con todo. El descreimiento esfuma cualquier magia.

Todas las noches elevamos la mirada al infinito celestial, gira y giramos, damos vueltas y volteretas en un mundo escaso de raciocinio.

Otras noticias de a poco dejan de serlo para volverse en hechos repetidores que pone en vilo a la especie humana, martilla la mente del hombre hasta confundirlo: Caso Edward Snowden, y todas sus consecuencias; el uso de armas químicas en Siria, otra vez en explosión la prepotencia, el llamado a invasión, “Guerra”, juego macabro y bochornoso.

Son los bárbaros del siglo XXI que acechan, destruyen culturas. Injerencias tras injerencias. La vida del hombre lanzada al abismo. La tierra arqueada, terriblemente herida no deja de dar señales, emite su grito estremecedor ante el exterminio.

Allá, en lo alto, el cielo quieto en esta otra parte del mundo, mientras en la otra, no serán lágrimas de San Lorenzo, ni lluvias de estrellas, no será “el espectáculo maravilloso” que señalan los científicos. Ellos hablan del cambio de la polaridad solar donde se supone que en un momento dado el campo magnético solar se reduce a cero, exponiendo a nuestro planeta al viento cósmico y al viento solar. Ellos dicen:

"Imaginemos que la mayoría de nuestros satélites, simplemente dejan de funcionar. No habrá una radio de onda corta, Internet solo funcionará con cable, los teléfonos móviles van a desaparecer", escribe Ranks, subrayando que el cambio puede afectar no solo a Internet o los teléfonos, sino que puede poner en peligro los sistemas de mando y de control nucleares, los complejos equipos de los hospitales o los circuitos bancarios y de cambio”.

En otra nota que sigo señala: “ Los últimos datos de los observatorios solares de la NASA muestran que el campo magnético del Sol está a punto de "volcarse", es decir, de invertir su polaridad. "Nuestro mundo se está acercando rápidamente a un momento nunca visto antes en la historia de nuestra civilización tecnológica que convertirá todas nuestras esperanzas de un gran futuro electrónico en una completa tontería", escribe Ranks, que recuerda que el anterior cambio polar en sol se produjo en 2000, "cuando todo el mundo se conectaba a la Red a través de los módems".

La NASA, la Nasa, me digo una y otra vez en todo este compendio de análisis ¿Será acaso que toda esa tecnología alcanzada ya no es suficiente? ¿Será acaso que dentro de las comunicaciones, que la extensión de las redes ha puesto a la luz cuestiones que convienen mantener en la cara oculta del mismo planeta? Ha habido tanta insistencia en buscar vida fuera de la tierra, mientras que en la misma tierra, los caprichos han olvidado al ser, las ambiciones, la desmesura, la arrogancia tienden a hacerla desaparecer.

Una interrogante atraviesa la garganta: ¿Puede explotar el Sol en cualquier momento?

Allá, en la infinitud, el cielo tachonado. Ojala nunca más lo veamos cruzado, manchado, desangrando a consecuencias de misiles o cualquier armas de destrucción masiva.


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