lunes, 1 de agosto de 2011

ELEGANTE

Resuelto, decide retar su tiempo. El sudor corre por todo el cuerpo dándole mayor brillo. Levanta el cuello todo cuanto puede, elegante al fin, se mantiene quieto. El hombre lo observa furioso. , Su rostro se transforma, muerde los labios y como si las venas fueran a saltar, envía todas sus fuerzas a los pies hincándole más y más, simultáneamente a diestra y siniestra la fusta cae con su terrible descarga. Elegante mueve hacia atrás la pierna izquierda, medio intenta agachar la cabeza, pero queda ahí detenido. Levanta un ojo y lo abre, su mirada hurga mucho más en el hombre que no llega a interpretar el remolino de fuego que hay en sus ojos. Con un resoplido trata de decir: -No eres capaz de saber cuando otros tienen problemas, tú tienes los tuyos y yo obedezco, yo tengo los míos y te enfureces como un salvaje... Jajájajá, ya vez, cuántos soles y lunas hemos andado juntos, y todo en vano. -¡Claro! Yo también he vivido engañado de ti. Ahora conozco como realmente eres, yo sé que amor perfecto no tiene principio ni fin, solo piensas en ti,, egoísta.- La bestia se mueve con dificultad, baja todo su cuerpo hasta entregarlo a la tierra. La fusta se cruza tres, cuatro, cinco muchas veces más sobre él con mayor violencia. -Maldito seas haragán. Te digo que avances. ¡Avanza coño!. Aún nos queda remolcar el otro tractor atascado y llevar las leñas. Avanza te digo- Zarandea el hombre sin detener la fusta. Elegante vuelve la cabeza, lo observa sudoroso, por la comisura de las mandíbulas empieza a brotar un hilito de espuma. Con paciencia recuesta la cabeza a la tierra comenzando a incrustar los cascos en las profundidades. Está bañado de un sudor abundante y extraño. Su dueño nada advierte, golpea más y más. -Sigue, sigue golpeando. No estoy viejo del todo, me recuperaré y entonces tendrás que olvidarte de coche carroza, de halar tractores, de echar sobre mí todo lo que se te antoje. Las cosas serán de otra manera. El hombre, fusta en mano vuelve a la carga, cuando por vez primera se le queda mirando; pero él no quiere saber del dueño y ahí queda, entregado a la tierra. -Si fueras como el caballero que vestía de hierro, todo sería distinto. No me atormentaría con tanta carga, ni con ir de aquí para allá y menos aún con tus locuras. Se hubiera comunicado conmigo y yo hubiera aprendido lo que jamás me enseñaste. Solo piensas en cargas y más cargas para hacer dinero. El señor que vestía de hierro, como me contó mi abuelo, era bueno, fue dueño y conquistador de todos los molinos, las piedras le hacían cortesía a su paso. Suerte mía la de encontrarte a ti que ni agua me brindas cuando bebes.- El hombre volvió con un balde agua y la echó sobre la cabeza de la bestia. -Vaya, esto es otra cosa. ¡Que bien! ¿Y para tomar? ¿Cuándo viene la de tomar? -Arriba holgazán, me tienes demorado más de cuatro horas y el pago lo he recibido por adelantado. Elegante se acomoda, no quiere escuchar. Su crin humedecida acaricia la tierra, allí se siente protegido, allí quiere quedar clavado. -De los dos, tú eres más animal que yo, este es mi lugar. Ahora, vuélvete salvaje y paga con tu cuerpo lo que has recibido por adelantado porque de aquí nadie me levanta.
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